Hablando de la reforma migratoria

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Por:  C.J. Czaia
Estados Unidos se está convirtiendo rápidamente en una nación de hipócritas, sobre todo cuando se trata de los derechos de los latinos indocumentados: siempre esperamos que vayan a la guerra a luchar por nuestro país, que mueran por la patria, y disfrutamos los frutos de su trabajo duro. Además, tomamos los dólares de sus impuestos, pero no defendemos sus derechos como corresponde y los tratamos como criminales por su condición de indocumentados.
La reforma inmigratoria es uno de los asuntos más trascendentes que enfrenta nuestro país hoy en día, y con la firma de la controversial ley contra la inmigración ilegal en Arizona, la reforma es más importante que nunca.

A menos que se produzca algún cambio, cuando la ley de Arizona entre en vigencia en los próximos meses, la policía podrá detener a cualquier persona, basándose sólo en la sospecha de que pueda ser un indocumentado, convirtiendo en delito el hecho de no portar documentos de inmigración. Siendo los latinos la comunidad más grande de indocumentados en Estados Unidos, esta ley básicamente está orientada a la detención de las personas en base a su color de piel, por lo tanto es discriminatoria y racista.

Las protestas y la controversia levantada en todo el país han hecho que el presidente Barack Obama haya hecho un llamado para revisar las leyes inmigratorias, a lo cual los líderes del Congreso han respondido señalando que se están preparando para encargarse del asunto lo más pronto posible, para esquivar “la irresponsabilidad de otros”.

Además, Obama ha dicho que “la ley de Arizona amenaza con socavar nociones básicas de justicia que abrigamos como americanos, tales la confianza entre la policía y la comunidad, crucial para mantenernos seguros”.

Estados Unidos es un país de inmigrantes, de hecho, al menos el 40% de nosotros puede rastrear al menos uno de nuestros ancestros en Ellis Island. Entre 1892 y 1954, más de 12 millones de inmigrantes pasaron por Ellis Island, y antes de 1890, la regulación estaba regulada individualizadamente por cada estado. A pesar de algunas historias de horror de inmigrantes en Ellis Island, para la mayoría fue un proceso sencillo. Una vez superadas las pruebas médicas, el inmigrante  debía responder 29 preguntas y leer un párrafo sencillo en su propio idioma, para probar que estaba alfabetizado. Si no había un intérprete a mano, los examinadores usaban rompecabezas sencillos, dibujos y juegos como parte de las pruebas requeridas para el ingreso. Tras la aprobación, el individuo y su familia eran admitidos en el país sin necesidad de ningún documento.

Al preguntársele al norteamericano promedio sobre la inmigración, raramente considera el punto de vista del inmigrante. Pero, dejando de lado las razones que llevan a una persona a dejar su país, una vez estando aquí, indocumentados, sin la protección dada a un ciudadano, enfrentan una gran cantidad de situaciones que la mayoría de la gente jamás experimentará.

Los inmigrantes y los trabajadores indocumentados se encuentran en el primer lugar de nuestra cadena laboral, construyendo carriles para los trenes, trabajando en la construcción y en las fábricas, haciendo servicio doméstico o sanitario, procesando carnes y aves, seleccionando frutas y vegetales en el campo, siendo éstos sólo algunos de los empleos más impopulares, a los cuales los inmigrantes se dedican trabajando duramente. Los inmigrantes no son criminales, son trabajadores, y más importante que eso, son necesarios.

Las jornadas de estos empleos son largas, las condiciones son miserables, el trabajo es duro y la remuneración es baja, pero sin ellos, este país estaría en un mundo de penas. Imaginemos que no hubiera nadie que recogiera nuestros cultivos: no existen máquinas que reemplacen a los trabajadores de los campos. Nuestras frutas y vegetales frescos alcanzarían precios inalcanzables.

Muchos trabajadores indocumentados vienen a este país sólo en la temporada de trabajo, envían el dinero a casa y se devuelven a su país tan pronto finalizan sus labores, hasta el siguiente año. Mientras tanto, utilizan parte de sus ingresos para comprar todo lo necesario para su subsistencia, lo cual también moviliza nuestra economía.

El IRS estima que aproximadamente 6 millones de inmigrantes indocumentados declara y paga sus impuestos anualmente. Además, investigaciones revisadas por la Oficina de Presupuesto del Congreso indican que entre el 50 y el 75% de los inmigrantes ilegales paga impuestos federales, estatales y locales. Por otro lado, sólo los indocumentados aportan unos 7 billones de dólares en pagos de Seguridad Social, sin recibir ningún beneficio.

El Pew Hispanic Center reportó en el año 2008 que casi 12 millones de inmigrantes indocumentados vivían en los Estados Unidos, concluyendo que este segmento de la población creció rápidamente desde 1990 hasta el 2006, y desde entonces se ha estabilizado. Este centro de investigación ha estimado que el rápido crecimiento de trabajadores indocumentados también se ha detenido, determinando que había 8.3 millones de inmigrantes ilegales en la fuerza laboral estadounidense en marzo de 2008. Para esta misma fecha, los datos recolectados por el Census Bureau, permitieron estimar que los inmigrantes indocumentados representaban el 4% de la población nacional, y el 5,4% de la fuerza de trabajo.  Si se escuchan las protestas de varias partes en el país, se pensaría que la cantidad de indocumentados ha aumentado mucho más de lo que realmente lo ha hecho.

En abril de este año, un grupo de senadores demócratas presentó una “Propuesta Conceptual de Reforma Inmigratoria”, que no se considera un proyecto de ley, pero que ofrece algunas formas de ajustar nuestro actual sistema inmigratorio y busca encontrar un punto medio para ganar la adhesión de los demócratas más conservadores y los republicanos moderados.

Algunos de los puntos más destacados son: el incremento y la mejora de la seguridad fronteriza, un programa para inmigrantes indocumentados que les permita obtener un estatus legal, y la creación de una nueva tarjeta de seguridad social anti-fraude.

El senador Harry Reid acertadamente ha dicho: “Nuestro sistema inmigratorio no funciona. Estamos ofreciéndoles a nuestros colegas republicanos este papel de trabajo para que, en conjunto, resolvamos este problema que ha plagado a nuestro país por mucho tiempo”.

Es el momento de tomar acciones. Recordemos que cuando la gente empieza a liderar, los líderes siguen a la gente, así que es el tiempo de la gente.
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