La Historia de Ovidio: El porqué de UnidosNOW.org

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Aún no puedo dejar de ver su rostro cuando el coche del Sheriff se lo llevaba esposado. Quedó grabado en mi memoria y me va a perseguir hasta el día que sepa que Ovidio se encuentra bien.

Desde aquel fatídico miércoles no he parado de preguntarte qué hubiese sido de ese accidente de coche si nuestro vuelo a Orlando se hubiese retrasado, si mi marido hubiese estado conduciendo, si no nos hubiésemos parado a cenar, si no hubiese habido tráfico, si la carretera no hubiese estado mojada, si aquel agente no se hubiese parado a poner una multa a aquel otro conductor…

Pero todos los “y si” no valen nada una vez los hechos han ocurrido. Ya ha pasado y no podemos volver atrás para cambiarlo.

De vuelta del aeropuerto internacional de Orlando, justo en la salida para tomar la I-75 dirección a Naples, el tráfico se amontonaba y tuvimos que frenar de repente. Nuestro coche quedó completamente parado y, entonces, sentimos el choque.

No fue un choque fuerte, tan sólo un golpe en la parte trasera derecha, ante el claro intento de Ovidio de esquivarnos.

Durante unos segundos estuve completamente confundida. Jamás había sentido algo así, pues jamás había sufrido un accidente de tráfico, así que tampoco sabía muy bien qué hacer.

Nos hicimos a un lado, en el césped, y salimos del coche. Ahí fue donde conocimos a Ovidio. Se disculpó y nos dijo que pagaría la reparación, que le dijéramos cuánto queríamos, porque no quería dar parte de ello para que su seguro no subiera de precio.

Nosotros no sabíamos qué hacer. Nuevos en este país, uno no conoce bien las reglas. Mientras Mike hablaba con su padre, yo tuve la oportunidad de hablar con Ovidio, de conocerle un poquito.

Vive en EE.UU. desde hace 11 años; hoy ya cuenta 27 primaveras y aquella tarde de miércoles volvía a Palmetto, donde vive, después de haber ayudado a su tía a montar una nueva habitación en su casa. Por eso esa tarde conducía la camioneta, la cual no estaba asegurada…

Mientras mi marido seguía al teléfono y yo hablaba con Ovidio, un agente de la oficina del Sheriff detuvo a un coche a unos pocos metros de distancia, en la I-4.

Mike nos dijo que tenía que llamar a la policía, que esa es la ley. Intenté convencerlo de que no lo hiciera porque estábamos poniendo en peligro a Ovidio, quien tampoco tenía carné de conducir de la Florida. Ovidio es indocumentado, pero hombre de palabra y con las mejores intenciones. Él ya nos había dado toda su información de contacto e incluso su lugar de trabajo para que pudiéramos comunicarnos con él y así reparar el golpe que sabía era su culpa.

Y Mike no marcó el 911. Desafortunadamente, el agente que había parado a unos metros dio marcha atrás en cuanto terminó de multar a aquel otro conductor para encontrarnos.

En ese momento vi la desesperación de Ovidio en sus ojos.

El agente Frank Miller salió de su coche patrulla, desprendiendo un fuerte olor a perfume. Su día de trabajo, seguro, acababa de empezar. Mike y yo le dijimos que habíamos tenido un pequeño accidente y que estábamos resolviéndolo entre nosotros.

Nuestras palabras no valieron. El agente Miller nos informó que aún así tenía que hacer un informe y ver nuestros carnés. Todos le dimos nuestra documentación y Mike también el seguro de nuestro coche. En cuanto Ovidio no pudo entregar esos papeles, Miller le quitó las llaves de su vehículo.

Ovidio entró en su coche –la lluvia comenzaba a molestar- y pronto nosotros hicimos lo mismo. Sentados en la parte trasera, esperamos a que el agente nos devolviera nuestra documentación. Por desgracia, antes de que eso ocurriera, vimos como Miller sacaba a Ovidio de su auto para esposarlo.

La culpa me afligía, aún lo hace…

Por si no fuera suficiente, al devolvernos nuestros carnés, el agente Miller nos dijo que si queríamos que bajara la ventanilla que Ovidio ocupaba en el coche patrulla para poder insultarle… Mi asombro no paraba de crecer. Mike le dijo a Miller que en verdad había sido muy amable con nosotros. “Para mí la amabilidad está en segundo lugar en estos casos. Por ahora, él va a pasar 6 meses en la cárcel”, diría el agente antes de cerrar la puerta de nuestro vehículo y marcharse.

Aún en la parte trasera, salí del coche para sentarme en el asiento del conductor y antes de hacerlo me di la vuelta para mirar a Ovidio, juntar mis manos y decirle “lo siento”.

Un sistema que nos necesita

Desde que ocurrieron, no he podido dejar de pensar en estos hechos, de analizarlos e intentar sacar algo de sentido de ellos.

Ovidio es sólo un caso más entre los más de once millones de indocumentados viviendo en EE.UU. Hacer una apología de la inmigración indocumentada no es lo que pretendo en estas líneas, pero sí llamo a la razón de todos los agentes Miller, de todos los Mike Bennett, de todos Rick Scott, de todos aquellos que ven en la inmigración un peligro y no la real ventaja que supone.

No dejen de leer el artículo de C.J. Czaia en la edición de agosto de D’Latinos Magazine, Derrumbemos los mitos sobre la inmigración, para abrir sus ojos a una realidad latente, donde, entre otros, describe cómo son los inmigrantes, sobre todo los indocumentados, quienes ocupan puestos de trabajo que los norteamericanos no quieren.

Fue este reconocido abogado quien abrió el retiro de UnidosNOW.org, celebrado en Sarasota y al que acudieron estudiantes, líderes de la comunidad, periodistas, abogados, empresarios, educadores, etc. con el fin de crear una estrategia para conseguir establecer esta organización, que ya ha conseguido parar una vez la ley de inmigración al estilo Arizona que querían implantar los republicanos de la Florida y que seguirá siendo parte de la política del gobernador de nuestro estado.

Con más de 60 asistentes, todos ellos comprometidos con la comunidad y la justicia social, este retiro creó tres grupos que organizarán las actividades de UnidosNOW.org: desde Hernando hasta Hillsborough, desde Manatee hasta Charlotte y los condados Collier y Lee.

En una jornada donde las ideas no pararon de surgir, Kelly Kirschner, director de la organización, marcó este retiro con la entrega de una bolsa de arena de la playa de Siesta para decirnos que todos podemos poner nuestro granito de arena para marcar la diferencia y conseguir que los inmigrantes como Ovidio sean reconocidos y no rechazados en un sistema que nos necesita.

No deje de visitar y apoyar a UnidosNOW.org. Por nuestro futuro.

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